miércoles, junio 24, 2009

Soy el amor de tu vida.

Una vez conocí a una feminista. Yo era feminista. Una vez conocí a una chica que le gustaba el pescado frito. A mi también. Una vez conocí a una mujer que le encantaba toda la década del ochenta. Fue lejos la mejor época, le dije. Conocí a una militante de izquierda. Inmediatamente me convertí en el Ché. Cristina había descubierto el jazz. Loca por el jazz. Me hice adicto al jazz. Jazz mañana, tarde y noche. Sobre todo Miles Davis. A ella le encantaba. A mí también. Leonor se había adscripto a Greenpeace. Inmediatamente me hice acólito defensor de las ballenas azules, blancas y amarillas. En el bar almendra conocí a la francesita Michelle. Me la presentó Bruno. Ella es Michelle, le gusta el cine mudo. Estuve todo la tarde hablando de cine mudo con Michelle. Luego conocí a Susan. Susan -americana de Cincinnati- había venido al tercer mundo por un doctorado en aborígenes mapuches. Yo soy tataranieto del último aborigen. Me convertí en su mejor guía. Nadie sabía tanto sobre el tema como yo.
Conocí a Ramona amante de los caballos. A Lucía fotógrafa. A Verónica cirujana. A Valeria folklorista. A Marta que trabajaba en una financiera. A Rebeca psicóloga. A Javiera profesora. A Ernestina filósofa. Me transmutaba perfectamente. Yo era amante de los caballos. Yo era fotógrafo. Yo cirujano. Yo folklorista. Yo sabía más que nadie sobre el sistema financiero internacional. A Rebeca le enseñé los misterios de la mente humana. No el conductismo que es una mierda, sino que la verdadera, ancestral y polémica sexualidad infantil de Freud.
Yo profesor. Yo filósofo. Yo el perfecto Zeitgeist mejorado.
Yo el tipo que se acostó con todas ellas. Y que por un instante fue todo lo que ellas desearían que fuera. Yo. El gran hijo de puta.



jueves, julio 31, 2008

Facebook

Siempre fui un tipo de pocos amigos. Ellos lo saben. Mis amigos también son amigos de pocos amigos. Mis amigos y yo sabemos que los podemos contar con los dedos de una mano. Una vez un amigo me salvó la vida. Otro amigo que tanto quiero me dedicó un libro. Un amigo me cobijó en su casa del centro cuando llegó la malaria. Una amiga de Santiago daría la vida por mí. Otro amigo me pagó las vacaciones en el norte cuando quedé sin laburo. Carlos que no es mi amigo me dijo que lo agregara en Facebook. Le hice caso y de la noche a la mañana me vi envuelto en un vendaval de amigos. La primera semana tenía 126. La segunda 217 y a la tercera me borré. Sigo quedándome con los dedos de una mano.

jueves, junio 12, 2008

Obituario

Bruno nunca tuvo tres dedos de frente, fue un atorrante casi toda su vida, complicó la vida de numerosas personas y siempre sacó a bailar a la más fea.
Aborreció a los tiranos, a la policía y a los notarios. Tuvo miedos, fue cobarde y más de alguna vez, pusilánime.
Le encantaba la sopa de su abuela. Nunca ganó un premio literario y no le importó. Nunca fue a la China, ni a bombay ni a Sevilla.
Nunca confió mucho en el informe meteorológico ni en el horóscopo, siempre vió el vaso medio lleno.
Fue engañado por dos o tres personas de conductas irreprochables. Jamás traicionó a sus amigos y casi siempre traicionó a todos sus amantes.

Robó, mintió, exageró, lloró y después murió.

sábado, enero 05, 2008

Todas las Princesas Están Muertas.


Vi salir del hospital en silla de ruedas a la última princesa que amé. Sabía yo que todas las princesas murieron y me sorprendí al verla. Enjuta, vieja y tapada con una manta. Me preguntó si me acordaba de ella. Le dije que no. Soy Rosario me dijo ¿no te acuerdas de mí?

Era la más linda del lugar. Los príncipes del pueblo la amaban. Yo también, en silencio.

Los príncipes del pueblo desaparecieron. Ella sobrevivió a los contubernios, a las mareas y a los cambios de gobierno. Una vez me enteré que le extirparon algo que no recuerdo. Que vivió una temporada con un poeta maldito que se colgó en el pino de la plaza del pueblo. Se enteró que lo engañaba con un vendedor ambulante. Dejó de epitafio una esquela digna de un mamarracho ignorante: "Mi corazón no se vende". Cruzó el océano un par de veces de la mano de un estanciero rico. Hubo registros de su viaje en el diario del pueblo. La foto clásica en La Torre Eiffel.

De aquello hace ya más de treinta años. Treinta años en el cuerpo de cualquier princesa hacen estragos. Su vida, como cualquier vida, fue un tendal de abandonos. Se marcharon sus padres, familiares diversos y también muchos de los príncipes, se fue el poeta, el vendedor ambulante y el estanciero rico. Yo aún no parto gracias al arte de resistir.

Me dijo que era imposible que no me recordara de ella. ¿Aún vives en la calle Freire? me preguntó. Nunca viví allí le contesté. ¿Es que acaso no te llamas Bruno? No, no me llamo Bruno. Me llamo Daniel.
Me pidió perdón por la confusión.

La vi cruzar la calle a duras penas y no me dio lástima.
Nadie le tiene lástima a las princesas. Las princesas tampoco la tiene con uno.

lunes, agosto 13, 2007

Nunca conocí a Brus.

Nunca lo conocí. Nunca conocí a Brus. Alguna vez pensé viajar a Concepción de Chile y conocerlo. No me fue dado. Sólo referencias. Referencias y su blog que siempre me ayudó a sobrevivir. A vivir. Siempre pensé que tendría que ser mi mejor amigo. Amigo y maestro. Y muchas veces le he preguntado a sus amigos. A mis amigos. ¿Cómo era Brus? ¿Cómo era Brus? Y todas las respuestas tienen la misma dirección. El mejor. El mago. El tipo maravilloso. El poeta único. El buen amigo. El mejor de todos. Ahora que no se cumple nada. Ahora que nada se celebra. Ahora que el tiempo se difumina. Lo recuerdo. Casi todos los días lo recuerdo. Yo tendría que haber viajado a Concepción de Chile. Y conocerlo. Tomarlo de la mano. Darle un beso en la mejilla y decirle, te quiero. Te quiero Brus. Gracias por todo.

miércoles, diciembre 28, 2005

Sólo mi culo les importa.

-¿Vos sabes Brus lo difícil que es que todo el tiempo los tipos te estén mirando el culo?
Es insoportable nene, lo hacen sentir a uno, una cagada loco.
Los tipos te joden, te persiguen cuadras y cuadras, te dicen cada barbaridad.
Yo soy hincha de la roja, pero con este culo no puedo ir a la cancha ¿viste?
Te cuento que una vez fui y tuve que pedir resguardo policial loco.
En los ascensores, en el cine, en las librerías, acá mismo loco, en este bar, vos no sé si te diste cuenta cómo me miran esos tipos de la mesa cerca del pool.
La verdad Brus es que a nadie le importa un carajo que yo haya estudiado en la Universidad, sólo mi culo les importa.

- ¿Verdad; estudiaste en la Universidad?